Cuando me voy de tu lado, mis pasos
son como los del prisionero a quien llevan al suplicio.
Al ir a ti, corro como luna llena
cuando atraviesa los confines del cielo.
Pero, al partir de ti, lo hago con la morosidad
con que se mueven las altas estrellas fijas.
Ibn Hazm
Yo me subí a un arto pino
por ber si la dibisaba;
lo que dibisé fue ‘r porbo
der coche que la yebaba.
Desde que me fí ar servisio
y que mi tierra dejé
no pienso más qu’ en mi mare
y en la mujer que yo sé.
Por esas mares adentro
va la nave de mi amor
y mi corazón va en ella
sirviéndole de timón.
Hasta los suspiros míos
son más dichosos que yo;
ellos se van y yo quedo;
ellos se van y yo no.
Dosientas sincuenta leguas
yevo de navegasion;
dosientas sincuenta penas
yebo en er corason.
Acaba de dar, acaba,
reló de la catedral,
que quiero contar las horas
que ausente mi amor está.
El querer que te tengo
sombra parece;
mientras más apartado,
mucho más crece.
Más siento la ausencia tuya
que la muerte de mi padre;
¿Sabes por qué no hecho luto?
Porque la gente no hable.
Si yo hallara una hechicera
que me quisiera llevar
donde está el bien de mi vida,
yo le pagara el jornal.
Oh, grillo que te burlas de mis lamentos, el apaciguador de sueños; Oh, grillo, eres la musa de los labrantíos, y usas con estridentes alas la formada imitación de la lira, trinándome algo placentero, mientras suenan sus alas vocales con tus patas. ¡Cómo deseo, oh, grillo, que me liberes de los problemas, de muchas preocupaciones insomnes tejiendo el hilo de una voz que provoque amar el vagabundear! Y yo te daré al alba una dote de gotas de rocío, y un poro siempre fresco, cortado diminuto para tu boca.
—Meleagro
Quiere sentir el diálogo de los insectos bajo las ramas increíbles. Quiere penetrar la música de la corriente de la savia en el silencio oscuro de los grandes troncos. Quiere comprender el alfabeto Morse que habla al corazón de la muchacha dormida.
Quiere. Todos queremos. Pero no puede. Porque, al intentar expresar la verdad poética de cualquiera de estos motivos, tendrá que valerse de sentimientos humanos, se valdrá de sensaciones que ha visto y oído, recurrirá a analogías plásticas que no tendrán nunca un valor expresivo adecuado. Porque la imaginación sola no llega jamás a esas profundidades.
— Federico García Lorca
Me intereso por algo
y es como si las noches se ensañaran contra mí
impediéndome alcanzarlo.
Por doquier separado de los amigos.
Cuanto más imponente es el empeño
menor es la ayuda.
Amigos, por todas partes veo poetas.
¡Cuántas son sus pretensiones y cuántas mis casidas!
No os asombre: abundan las espadas
pero hoy la única espada es de Sayf al-Dawla.
Te amo, plenilunio y sol de los tiempos,
aunque por ello me censuren
las estrellas de la Osa Menor.
Al-Mutanabbī
Para una mejor lectura, compartimos la versión en PDF de la muestra de poesía universitaria Los coleópteros enfebrecidos.
La primera presentación está programada para el 13 de junio a las 1 p.m. en el plantel San Lorenzo Tezonco de la UACM.
Esperamos verlos para compartir la poesía con ustedes:
http://www.mediafire.com/view/l3y2bmzwvwafmx9/POESIAUACM.pdf
[…]
Yo quiero ser galante contigo en el doble sentido de hombre y de poeta, y quisiera decir en esta pequeña elegía algo muy antiguo, algo como la palabra serenata, aunque, naturalmente, sin ironía ni esa frase que usan los falsos nuevos de «estar de vuelta». No. Con toda sinceridad. Te he llamado jorobada constantemente y no he dicho nada de tus hermosos ojos, que se llenaban de lágrimas, con el mismo ritmo con que sube el mercurio por el termómetro, ni he hablado de tus manos magistrales. Pero hablo de tu cabellera y la elogio, y digo aquí que tenías una mata de pelo tan generosa y tan bella que quería cubrir tu cuerpo, como la palmera cubrió al niño que tú amabas en la huida a Egipto. Porque eras jorobada, ¿y qué? Los hombres entienden poco las cosas y yo te digo, María Blanchard, como amigo de tu sombra, que tú tenías la mata de pelo más hermosa que ha habido en España.
— Federico García Lorca
Y en verdad que para vosotros en los animales (hay) materia de reflexión; os abrevamos de lo que (hay) en sus vientres de entre quimo y sangre, leche pura sabrosa para los bebedores.
Y de los frutos de la palmera y la vid toman de ellos embriaguez y sustento bueno; en verdad, en esto (hay) una señal para el pueblo (de los que) reflexionan.
Y reveló tu Señor a la abeja que: Toma de los montes morada y de los árboles y de los que (los hombres) sotechan.
Luego come de todos los frutos y sigue los caminos de tu Señor con sumisión; sale de sus vientres una bebida, diferentes sus colores; en ella (hay) medicina para los hombres. Ciertamente, en esto (hay) una señal para el pueblo (de los que) piensan.
Azora XVI, en El Corán, versión de Rafael Cansinos Asséns