Para Zaida del Río
Amiga,
entre tus manos
y este objeto retórico que es mi corazón
el viento del Caribe ha completado un círculo.
En él se ve, como a través del agua,
la fronda que tu pulso dictó secretamente
para que mi palabra se echara a descansar
despúes de una larga jornada por el mundo.
A veces sucede una llamada nocturna
y tengo que desandar la trama de las hojas
hasta llegar a ese punto donde sólo tú eres posible,
animal entrampado bajo su desnudez de miedo.
Hay quienes padecen la más cruel belleza.
Cierra al dormir, amiga, la ventana.
En todo momento
un hombre enciende las luces del planeta.
Basta para ello que dentro de su irreparable corazón
alguien dibuje pájaros y árboles.
Cuida de mi voz como de un pobre perro.
Es lo que tengo para salvarte y salvarme.
Alex Fleites