No hay rivalidades en literatura porque nadie puede competir en serio sino consigo mismo, con las aptitudes que posea y los niveles que se fije. Nadie quiere ni puede escribir lo que escribe el otro. “Todo lo sabemos entre todos”, fue el lema de Reyes. Podría agregarse: todo lo escribimos entre todos.

José Emilio Pacheco: La lumbre inmóvil, sel. y epílogo de Marco Antonio Campos, Instituto Zacatecano de Cultura, México, 2003, p. 36.