[Theatrum absentiae]
Llueve. Y no vendrás, lo sé. Hace tiempo que no soy
yo quien me mira desde el fondo del espejo.
Llueve, y me perteneces ahora como pertenece el
horror al deseo, ¿recuerdas?
Mis palabras son el umbral por donde accedes a
la noche. Pero todo se pierde en ese ir del polvo a la
memoria.
No vendrás, me he ido a no sé dónde.
Amas en mí el espectro de tu olvido, y ya soy el
cuerpo donde tu muerte cobra cuerpo.
Huyes cuando entras a mi cuarto, por eso te miro y
no me encuentras, y yo me petrifico en el hueco de
la espera.
Llueve, llueves. Y el agua es la voz de mi sequía.
—Felipe Vázquez, Tokonoma, JGH Editores, México, 1997, pp. 19-20.