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Canción de la tijera en el ovillo [fragmentos]
VI
En estos escenarios, el llanto fue mi primera
máscara. —Cada hilo de lágrima en mi rostro,
me desviste de mi estatua. Camino hacia la
llave, mas no a la puerta de esto, el taurombre
que soy en la...

Canción de la tijera en el ovillo [fragmentos]

VI

En estos escenarios, el llanto fue mi primera
máscara. —Cada hilo de lágrima en mi rostro,
me desviste de mi estatua. Camino hacia la
llave, mas no a la puerta de esto, el taurombre
que soy en la poesía.

VII

Si brama el Minotauro (el que alza maresiertos
con su frágil cornadura), es porque alguien le
marcó la dermidad (con hierro a fuego) y le contó
que el sol, en su melancólica luz inconsumible,
destruye pájaros de cera.

IV

Nací el siete de junio que agotó a mi madre. Ella
me dio a luz siendo tan oscuro: si en algún
momento fui luminoso, fue cuando resbalé por
sus aguas, como azogue entre la sangre.

X

Madre, ven a caer como lluvia en mi desierto.
Háblame, que se escuche tu voz: moja mi alma
en tu remanso de saliva. ¡Oh, dulcísima agua,
río de amor y de humana desembocadura! Ven
a refulgir la lengua de tu hijo: el hombre que soy,
el toro embravecido con la vida.

III

Se aprende a brillar con tanta noche
oscureciéndonos la frente. —Somos larvas,
hasta que abrimos la puerta de la pupa. Somos
eclipse, hasta que desbordamos las orillas.

IX

Cada segundo que termina, el hombre es carne
que se pudre, pero su canto perdura como su
propia calavera. —Aquel que no cante su
tragedia, vivirá lo mismo que una mariposa: un
aleteo, idéntico al de miles que preceden la
caída.

XI

Ariadna, invéntame en los mitos. Amóldame,
fráguame infundida por la ira de amar. Miélame
el cuerpo, sé rústica y dulce, abeja con hambre
sobre el mustio cempasúchil. Sediéntame, dame
ganas de beberte. Inúndame las cuencas
soledades. Alborízame, poesía, marsupio de
luciérnagas en celo. Otoñízame, termina de
vaciarme. Desnúdame y huésame la efigie.
Gánale mis alas a la muerte, termina hoy con
nuestro ciclo. Volvamos al origen, a la casa de
mi libre pelería. Víveme, flor oscura de la lengua,
raíz retorcida de mis aguas. Propaga los ruidos
de los táuricos declives. Sé la flecha tensada en
el arco de mi boca. Deja que escriba en las
paredes lo que soy de laberinto.

Francisco Trejo, Canción de la tijera en el ovillo, UCEVA, Colombia, 2017.

  • 16 February 2019